MIL GRACIAS DERRAMANDO …..

Mil gracias derramando

 pasó por estos sotos con presura…

sanjuandelacruz

Al iniciar esta nueva andadura, al cumplirse los 40 años de la Parroquia, se me ha venido a la mente la figura de S. Juan de la Cruz, a quien tanto debe Úbeda. Él, físicamente recorrió, y muchas veces, este pequeño trayecto que hay desde el Hospital de Santiago al antiguo camino a Baeza, lo que hoy llamamos la Avenida de Cristo Rey, donde está situada la Parroquia San Juan Bautista.

Podemos imaginarnos a este hombre menudo en lo físico pero inconmensurable en el espíritu, atravesando por primera vez, con prisa este camino polvoriento, con el deseo de llegar cuanto antes a su nuevo destino; apenas tiene treinta y siete años, y ha sido nombrado como responsable del grupo de jóvenes carmelitas que van a iniciar sus estudios en la universidad de Baeza, era la primavera del 1579.

Atrás quedaron los casi nueve meses de encierro en la cárcel de Toledo, (12-12-77 al 15 -8-78), su huida llena de incidencias; sus apacibles meses como superior en el convento del Calvario, en la sierra de las Villas, cerca del Tranco, desde donde iba a confesar cada semana a Beas, a las religiosas del convento fundado por santa Teresa en 1575; sus meditaciones al aire libre en este bello paraje que le permitieron ahondar en el misterio divino como ningún otro y convertirse en el más grande de los poetas de habla castellana.

Atrás quedaron también esos 55 kilometros, de un camino que volvería a recorrer muchas veces a lo largo de los 13 años que aún le quedan de vida…

La Loma desde Beas a Baeza, pasando por el Calvario, La Fuensanta, Villanueva, Villacarrillo, Torreperogil, Úbeda …. El lento paso del jumentillo, le permitiría observar a lo lejos en el Condado la altiva Chiclana y las enrojecidas Sorihuela y Castellar… al otro lado y muy a lo lejos la Iruela, Burunchel , Peal, Quesada, rodeando la siempre bella sierra de Cazorla, y a lo lejos, si el día era claro, podría observar sobre la bruma del rio Guadalquivir, Sierra Nevada. ¿¡Cómo no sentirse emocionado al pasar con su mirada por cada uno de estos pequeños poblados y descubrir sus iglesias sobresaliendo entre los racimos de las blancas casas¡?

Su alma sensible de místico y poeta vibraría al llegar a una ciudad como Úbeda llena de conventos y de iglesias ¡¿cómo no emocionarse ante el mensaje religioso plasmado en las piedras del Salvador, o ante la belleza de un S. Pablo o la grandiosidad de Santa María¡? Después de pasar unas horas en el convento de carmelitas descalzos, fundado unos meses antes, junto a la muralla de la parte antigua de la ciudad, atravesaría el casco antiguo por el Real, y saldría del recinto amurallado por la grandiosa puerta de Toledo. La Plaza Vieja y calle de los Mesones con su bullicio eran sin duda un aliciente para reemprender de nuevo el camino, atrás queda la Trinidad y S. Isidoro en obras, el Hospital y su templo-sepultura del obispo D. Diego de los Cobos recién acabado… unos árboles… labriegos que se dirigen al campo y pequeños grupos que en torno a los carros se preparan para seguir el camino hacia la cercana ciudad de Baeza… estamos en la alameda que conduce a la fuente del León .. a partir del Hospital todo es campo, a la izquierda unas pequeñas eras (donde hoy está nuestro templo).. y al fondo la majestuosa y siempre bella Mágina adornada por pequeños núcleos blancos, Bedmar, Albanchez, Jimena….. esta imagen acompañará a nuestro santo a lo largo de unos años.. El sigue estando entre nosotros, el recuerdo de sus pasos, debe de despertar en cada uno, el deseo de seguir las huellas de Jesús, Sin duda que él se sentirá feliz de poder ayudarnos.

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y yéndolos mirando,

con sola su figura,

vestidos los dejó de hermosura.

¿QUIÉN ES ESTE HOMBRE?

Juan de Yepes Álvarez nació en Fontiveros (Ávila) probablemente el 24 de junio de 1542. Estudió humanidades en el colegio de Jesuitas de Medina del Campo (Valladolid) 1559-1563).

Tomó el hábito y profeso como carmelita 1564. En la universidad de Salamanca estudió filosofía y teología ordenándose de sacerdote en 1567. Tras un encuentro con santa Teresa inicia la reforma de los Carmelitas, que le traería satisfacciones  y grandes quebrantos como ser recluido en la cárcel conventual de Toledo en 1577. Tras nueve meses de dura prisión se escapó, siendo nombrado en el capítulo de ALMODOVAR, superior del convento del Calvario en plena sierra de las Villas, cerca de Tranco y lejos de sus perseguidores.

Fundó colegios y conventos en Baeza, Granada, Córdoba, Málaga, siendo nombrado Vicario Provincial de Andalucía.

Aunque no se conserva ningún retrato suyo, si se conservan algunas descripciones de personas  que lo trataron en su vida. El padre Eliseo, que vivió con él en el colegio de Baeza, nos dice: ”fue hombre de mediano cuerpo, de rostro grave y venerable, algo moreno y de buena fisonomía; su trato y conversación apacible. Espiritual y muy provechoso para los que lo trataban”.

Yo quisiera resaltar sólo, algunos aspectos de su personalidad que nos puedan ayudar en nuestro camino.

JUAN DE CRUZ: HOMBRE QUE SE CRECE ANTE LAS DIFICULTADES

Huérfano de padre a los pocos meses de nacer, tiene que trabajar desde niño para poder subsistir combinando el estudio con el trabajo.

Asume grandes responsabilidades en la Reforma y en las dirección de las almas, siendo siempre fiel a la verdad y al seguimiento de Jesús.

Ante la crítica, la incomprensión, incluso la persecución injusta de que fue objeto, él siempre permaneció fiel a sí mismo. Estas frases pueden iluminarnos sobre su vida:” el que obra razón es como el que come sustancia, y el que se mueve por el gusto de su voluntad, como el que come frutafloja”; y esta otra, ”quien anda en Dios no cansa, ni se cansa, ni descansa”.

JUAN DE LA CRUZ: EL HOMBRE AMANTE DE LA NATURALEZA

En medio del silencio y sumido en plena naturaleza, se deja entusiasmar por lo que contempla; quiere que sus jóvenes novicios no pierdan nada del paisaje. Saca a la comunidad a pleno campo; les habla de las maravillas de la creación que contemplan, fiel reflejo de la divina hermosura que se descubre en las flores, en las aguas cristalinas de los arroyuelos, en las avecillas.

Siendo prior en el convento de los Mártires de Granada, se reserva para él, la celda más incómoda y pobre, tan sólo tiene una cruz de madera, una estampa de la Virgen, la  Biblia y el Breviario; por lecho una tarima de madera. En esta miserable celda hay un ventanillo que da al jardín. Los otros compañeros del convento, lo ven largas horas mirando en oración, durante el día, contemplando las flores, y por la noche mirando las estrellas.

JUAN DE LA CRUZ: EL POETA

Para muchos es sin duda, su faceta más conocida. Juntamente con santa Teresa, Lope, Calderón, elevaron la poesía a las cimas más altas de nuestro siglo de oro. En cierta ocasión un novicio alababa la belleza de su poesía, y sobre todo su aparente facilidad para componerla, atribuyéndoselo a un don especial de Dios, y el santo le respondió..” descuídese hermano, que unas veces me las inspira Dios y otras me las tengo que trabajar yo”.

 

Los estudios humanísticos con los jesuitas en Medina del Campo, son sin duda la base de su formación literaria. Allí le pusieron en contacto con los grandes poetas y los clásicos y los ejercitaban en composiciones personales en prosa y verso.

Como hombre inquieto en el orden intelectual, se preocupó de ampliar sus estudios en Salamanca, donde era responsable del grupo de jóvenes carmelitas que estudiaban teología y se preparaban para el sacerdocio. Esta misma labor de “formador”, la ejerció en Alcalá de Henares y Baeza.

En todas las épocas de su vida y en las  circunstancias más dispares, su genio poético brillaba con luz propia, dejándonos testimonios admirables en sus escritos,: Noche oscura, Cántico Espiritual, Llama de Amor Viva …

SAN JUAN DE LA CRUZ: EL SANTO

De su contacto con Dios le viene el gran conocimiento que tiene de los hombres y de sí mismo, por eso sus consejos, de los que se conservan un gran número, eran siempre muy estimados.

La preocupación principal de Juan de la Cruz es que Dios no se convierta en una excusa para alimentar la superstición y el individualismo egoísta. De ahí su famosa frase: “al atardecer de la vida, se nos examinará sobre el amor”.

En este sentido resulta curioso ver a un místico como Juan, criticando a visionarios y supersticiosos, a los que deforman el culto a las imágenes y por supuesto a los que faltan a la caridad. Vapuleó a los que hacen de sus crencias y devociones un barniz para ocultar el egoísmo y la inmadurez. Recuerda a todos que de lo que se trata es de “imitar a Cristo en todas las cosas”

Al final de sus días, le había pedido al Señor, “concédeme el don de sufrir por ti”. De forma un poco incomprensible se vio rechazado por  casi todos, destituido  de todos sus cargos, acusado de sospechoso por sus escritos, desterrado en un pequeño convento que había en Sierra Morena (La Peñuela). Allí se le declaró una enfermedad en la pierna y se vino a nuestra Úbeda, en busca de algún médico que le ayudase a curar “aquellas calenturillas”. Llega el 28 de septiembre de 1591, la ciudad está en fiestas por S. Miguel.

En el convento, que está junto a la muralla, no es bien recibido… al fin y al cabo es un enfermo, una carga más para un convento pobre.. y para mayor desgracia el superior, que había sido novicio suyo, tenía ganas de “ajustarle las cuentas”, porque en sus años jóvenes le había corregido su afán de protagonismo y su orgullo.

Prohíbe que tengan para con el enfermo consideraciones especiales y le exige en todo momento cumplir con sus obligaciones, teniendo que asistir a todos los actos de la comunidad. Esto supone un sacrificio enorme para un cuerpo tan debilitado. Juan calla y sufre en silencio. Cuanto más sufre, más cerca se siente de ese Jesús  que dio su vida en la cruz por amor a los hombres. Todos están admirados. Por el pueblo corre la noticia de la santidad del enfermo, se disputan el entrar para curarlo y lavar sus vendas. El mismo superior cae en la cuenta de su error, le pide perdón y no se separa del lado de su cama, donde poco a poco, su vida se va apagando. Se ha hecho realidad lo que el Santo, tantas veces había aconsejado,” pon amor, donde no haya amor y encontrarás amor”.

Así mientras los hermanos de la comunidad le recitan, por expreso deseo suyo, el Cantar de los Cantares, su alma sube al cielo, el 14 de diciembre de 1591.

Podemos tener la seguridad absoluta de que San Juan de la Cruz, recorrió  físicamente el camino a Baeza que atraviesa nuestra Parroquia, muchas veces, dejándolo impregnado de santidad,  ¡¿estamos nosotros dispuestos a caminar “espiritualmente “ tras las huellas que él nos ha dejado?¡.

efm