IGLESIA DE CRISTO REY

                                                                                                  González Orea 1961

La iglesia de Cristo Rey, sede de la parroquia de San Juan Bautista, forma parte del complejo de edificios de las Escuelas Profesionales de la «Sagrada Familia» y, como tal, se manifiesta con las formas arquitectónicas de corte clasicista y neorrenacentistas que predominan en la totalidad del conjunto educativo.

La grandiosidad en las proporciones y en los materiales, la influencia del legado de Vandelvira, como gran artífice de la Úbeda renacentista que sirve de modelo, y los valores representativos de la  misión de las Escuelas de la Sagrada Familia, serían las características a destacar del conjunto arquitectónico que conforma la gran explanada principal del centro SAFA de Úbeda y los edificios que la delimitan.

La monumentalidad del conjunto arquitectónico es tan evidente como buscada fue por los responsables del proyecto. Estamos ante un espacio rectangular de amplias perspectivas, acotado por dos frentes principales: el correspondiente a la fachada del edificio central, orientado al norte, y el que se asoma al oeste sirviendo de monumental y simbólico pórtico (a modo de nártex de basílica “paleocristiana”) del templo.

La influencia vandelviriana de tal manera se manifiesta en la totalidad del conjunto que casi no se hace necesaria una explicación a poco que se conozca la obra del maestro de Alcaraz. Baste hacer referencia al clasicismo de las formas arquitectónicas, al esquema general de la portada del edificio central (el típicamente renacentista de arco de triunfo) y de la fachada, al empleo de óculos, a la proliferación de arcadas y al remate decorativo de dos linternillas, en todo semejantes, por ejemplo, a las del palacio de las Cadenas, como el resto de los elementos citados lo pueden ser a otros tantos de la Sacra Capilla del Salvador, del palacio de Vela de los Cobos y de diferentes edificios en éstos inspirados.

Y esto es así no sólo por aparente como, sobre todo, por las clarificadoras palabras del arquitecto Ramón Pajares Pardo vertidas en la revista Vbeda del mes de febrero de 1956 con motivo de la terminación de las obras del templo de Cristo Rey (habían comenzado en diciembre de 1951), en las que, además, se explicitan  las intenciones del fundador, padre Villoslada.

Así, Pajares Pardo, alma mater de todo el proyecto, pero siempre atento a los deseos del padre Villoslada, apunta: “…en el tratamiento de las fachadas, revestidas en proporción considerable con piedra natural, como en la ornamentación interior, el arquitecto se ha inspirado, sin copias serviles, en el estilo renacentista que domina en Úbeda, procurando calar en el ritmo de la composición de la arquitectura vandelviriana, sin dejar de acusar […] ciertos caracteres derivados de la técnica actual”.

La cronología de la construcción del templo, propiamente dicho, si bien es cierto que en 1948  Pajares Pardo presenta un primer proyecto paralelo al del resto de los edificios principales, hay que comenzarla en 1953, en una segunda idea,  que en poco modificó la inicial salvo en la zona de la cabecera y de los accesos laterales, justificada formalmente (se habla en la memoria descriptiva de importancia y categoría) por ser la “…iglesia de la sede central…/…y símbolo del espíritu religioso que informa la vida toda de las Escuelas…”.

Desde el punto de vista económico, habría que destacar que se presupuestó en 4.775.896 que cubrían la totalidad de la obra, salvo algunos detalles de remate u otros de gran importancia decorativa (relieve de la fachada) y funcional (órgano) que se valoran particularmente en una cantidad añadida de 692.782 pesetas allá por el año 1959.

Con posterioridad, siendo ya el templo parroquia, el conjunto se ha completado y modificado (gastando mucho más dinero por el correr de los tiempos) con la colocación de campanas, de una reja en la capilla del Sagrario, con la reorganización del Altar Mayor, con aderezos generales en suelos, paredes e iluminación, con la reciente, cuidada y respetuosa limpieza y consolidación de la fachada principal, realizada por la empresa Legno-restauro, así como con la donación de una talla del Sagrado Corazón de González Orea, el mismo autor que realizó las monumentales imágenes del Cristo en Majestad  y de la Virgen que presiden el presbiterio y otra de nueva factura de San Juan Bautista obra del antiguo alumno SAFA Gerardo Ruiz del Moral Tauste.

Formalmente, estamos, pues, ante un interesante ejemplo de arquitectura del siglo XX claramente inspirado en los modelos clásicos que la ciudad ofrece, pero también hijo de los conceptos estéticos propios de la época en la que se construye, que opta en su distribución espacial por una inequívoca y casi modélica planta y alzado basilicales de tres naves de distinta altura separadas por pilares y con cubierta adintelada, cabecera cuadrada con bóveda vaída a la que se accede por un gran arco de triunfo, y acceso desde el exterior a través de un pórtico o nártex de triple arcada sobre columnas pareadas de orden toscano.

Como elementos de especial interés desde el punto de vista artístico y simbólico habría que destacar, entre otros, la fachada principal, la torre, la cripta y el interior de la fábrica, en su conjunto, con decoración de carácter arquitectónico (artesonado, hornacinas laterales…) y figurativo (imágenes del presbiterio y vidrieras con representación de santos pertenecientes a la Compañía de Jesús y de los Apóstoles).

Junto a Pajares Pardo, habría que destacar la participación de afamados artistas y artesanos que en mayor o menor grado y en distintas épocas han contribuido a la grandeza artística de este templo. Así, Palma Burgos es el autor del relieve de la fachada, que costó 150.000 pesetas; Cayetano Aníbal lo es de las imágenes de la Virgen y San José que rematan los contrafuertes laterales; José Sánchez realiza el artesonado que cubre la nave central; Francisco Jiménez Baldán diseña las decoraciones en escayola de la capilla del Santísimo y de las naves laterales; Ramón Cuadra restaura el Cristo crucificado, barroco, incorporado al patrimonio parroquial por el actual y primer párroco don Eusebio Fugueroa.

Ciertamente es en la fachada de la iglesia, que destaca -presidiendo-sobremanera del resto del conjunto, donde se manifiestan inequívocamente los más íntimos deseos del fundador, que no dudó -como apunta el propio Pajares Pardo- en calificar de pobre el primer proyecto en el que se incluía una hornacina con la imagen del Corazón de Jesús al mismo tiempo que expresaba su deseo de “…buscar el máximo esplendor con un relieve escultórico que mostrara el reinado y la protección del Señor por medio de su Sacratísimo Corazón a las Escuelas Profesionales y a todo lo que ellas representan”.

Así nos lo relata Palma Burgos esta idea: “…un cierto padre, de mediana estatura, ojos azules e inquietos, había colocado en mis pecadoras manos, pero ansiosas de creación, la grave responsabilidad de una obra: concebir y labrar en piedra un grupo escultórico que, como una aurora constante, cantara a la posteridad la magnífica voluntad de los hombres en su amor a Dios. Y es que este hombre mediano de cuerpo pero titán y gigante de alma y espíritu, me había hablado con la exaltación de su fantasía granadina de esta ilusión suya: ‘Espero que Dios te ilumine para que hagas del barro una apoteosis final, que vista eternamente de fiesta las obras de la Sagrada Familia’. Y desde aquel momento quedó confiado a mis pobres manos vestir de gala eterna el magnífico marco concebido y trazado por el arquitecto director de la obra, D. Ramón Pajares, que después de Vandelvira, ha legado a Úbeda uno de sus mejores monumentos”.

Para ello, Palma Burgos no dudó en tomar como modelo la representación de Cristo que preside la facha de la Sacra Capilla del Salvador, pero, en este caso, como protector de una juventud desvalida que entre las figuras de la Caridad y la Esperanza ahora trabaja y estudia bajo el amparo de las imágenes de la Virgen y San José que coronan el conjunto.

En definitiva, un magnífico ejemplo de arquitectura y escultura del siglo XX digno de ser admirado y conservado que supone, por otro lado, una dignísima carta de presentación sobre la monumentalidad de Úbeda para todos los que nos visitan accediendo a la ciudad por la carretera de Baeza. El propio Palma Burgos así lo consideraba: “Las inquietudes, las zozobras, las amarguras no escasearon en esta penosa obra. No deseo hacer una descripción detallada, porque ya todo pasó y ahí queda, en piedra ya, desafiando al tiempo y esperando recibir la pátina que la ennoblezca. Puede que algún tiempo pasado haya sido mejor, pero yo como escultor me encuentro satisfecho de haber tenido en mi carrera artística esta ocasión de esculpir tantas piedras, hermanas de las que en el siglo XVI engalanaron a Úbeda con las vestiduras de ciudad monumental”.

Antonio Almagro, noviembre de 2016

Francisco Palma Burgos 1957