PARROQUIA Y VIDA DE ORACIÓN

PARROQUIA Y  VIDA  DE  ORACIÓN

     “Salvaguardar la identidad católica de nuestras comunidades, manteniendo una estrecha unión jerárquica con los obispos y el Papa”. Estas palabras las subrayaba Juan Pablo II en el IX Congreso Internacional de Responsables de la Renovación Carismática Católica Española, recibidos en audiencia en el Aula Pablo VI, en la mañana del viernes 30 de octubre de 1998.

 

     Tenía que escribir de nuestro Grupo de Oración de la Parroquia de San Juan Bautista, y he querido empezar con estas palabras del Papa, porque nuestro Grupo pertenece a la Renovación Carismática Católica y, como dijo el Papa en el discurso ya señalado, la Renovación Carismática es eclesial, pues pertenece a la Iglesia, y como iglesia tenemos la obligación de evangelizar, llevando la Buena Nueva a nuestros ambientes, a nuestras familias, y para ello tenemos que formarnos.

 

     El Grupo de Oración de la Parroquia, llevará en ella unos diez años. Yo tuve la suerte de incorporarme a él, y pertenecer a él, hace unos ocho, al invitarme unas hermanas varias veces a unirme al grupo. Le fui dando treguas, hasta que un día decidí, y fui a él con buena disposición, con la mente y el corazón abiertos, para que el Señor hiciera en mí lo que quisiera… y desde entonces le doy siempre gracias, porque me ha hecho tomar conciencia de muchas cosas de la oración en sus diversas facetas. Trataré de resumirlas.

 

     Mi oración procuro que sea diaria, a la luz de la lectura litúrgica del día. Me pongo en presencia del Señor, uniendo mi pequeñez a la Santísima Virgen, a los Ángeles y santos del cielo, a la Iglesia y a toda la humanidad que ora, pues todos los seres elevan su alma a Dios.

 

     Pido que su Espíritu actúe en nosotros, en todos los seres humanos, que tomemos conciencia de que Él está siempre, y lo único que tenemos que hacer es abrir nuestra mente y nuestro corazón y dejar a Él ser Dios en nosotros, dejándole actuar, no poniéndole trabas. Pido su Espíritu para la “parcela” que particularmente me ha dado, y que sus dones de amor, comprensión, fortaleza… den en nosotros fruto, que es la cooperación nuestra en su acción.

 

     Reconocer mi nada, mi pequeñez, que sin Él no puedo decir “Jesús es el Señor”, ver mis fallos, mis miserias, y pedirle perdón y misericordia, pero sobre todo me doy cuenta de que Él es Padre de amor y misericordia, de mi alma brota una alabanza y acción de gracias a Él, uniéndome a la creación que lo alaba y bendice por lo grande y lo pequeño, por la viada, por lo espiritual y lo material. Alabándolo y dándole gracias por su palabra, porque vino y porque se quedó en el gran misterio de amor que es la  Eucaristía. Como buen Padre, nos invita a ese gran banquete.

 

     Le doy gracias por esa comunidad a la que pertenezco, que me ha enseñado a alabarlo, pues aunque la Iglesia en su liturgia y culto siempre lo alaba, yo nunca había tomado conciencia de ello hasta pertenecer a la Renovación, donde oramos de esta forma en comunidad, hablando con Él y en voz alta, con cánticos y con silencios, unidos con un mismo amor y con un mismo espíritu. Amándonos y haciéndonos crecer personalmente y en grupo. Participando en la vida de la Parroquia, sintiendo a ésta nuestra y colaborando en su desarrollo.

 

     Me queda una última fase: la oración de intercesión. Pedimos por la Iglesia, los grupos de oración, por el mundo con todos sus problemas, sus necesidades, pero que quiere que se lo pidamos como Él nos lo dijo: “Pedid y recibiréis, llamad y se  os abrirá”.

 

     Con el deseo intenso de hacer el bien a todos los hermanos y hacer bien todas las cosas, os invito a todos a conocer este grupo nuestro, u otros grupos de oración, que son tan necesarios para transformar el mundo en que vivimos.

 

     Bendigamos al Señor y que la Santísima Virgen, nuestra Madre, nos conduzca a Él, que es  “Camino, Verdad y Vida”.

 

ESTRELLA  MARTÍNEZ

Con motivo de los 25 años. 2001