SAN JUAN DE ÁVILA Y BAEZA

Cuadro del pintor D. Francisco Huete. Capilla de S. Juan de Ávila

Catedral de Baeza.

JORNADA SACERDOTAL 8 DE MAYO

Ha dado comienzo a las 11 en el Paraninfo de la antigua Universidad, con una magnifica conferencia a cargo de Monseñor Juan Esqureda sobre la figura del Santo.

Después tuvo lugar un sencillo homenaje a los sacerdotes que celebran este año los 25, 50 y 60 años de sacerdocio y a continuación los 120 sacerdotes, se trasladaron a la catedral para la celebración litúrgica en honor a S. Juan de Ávila.

 Estas son algunas de las ideas que D. Amadeo desarrolló en su homilía:

Queridos hermanos sacerdotes:

En la mayoría de las Diócesis el clero español se reúne en la fiesta de San Juan de Ávila para inspirarse en él y continuar buscando en la riqueza espiritual, intelectual y pastoral del Apóstol de Andalucía los criterios que orienten nuestra vida sacerdotal. Nosotros lo hacemos en Baeza, el lugar por excelencia en el que el Maestro Ávila situó su mayor obra en favor de la reforma del clero. En Baeza nació la primera universidad fundada únicamente para aspirantes al sacerdocio. Se puede decir que esta institución es la joya del movimiento renovador del clero, ese que siempre buscó con ahínco el Maestro Ávila. Y es evidente que se puede decir que no hay un lugar como Baeza para evocar a San Juan de Ávila, patrón del clero español.

Esta iniciativa se hizo, por tanto, en la Iglesia diocesana de Jaén, y nuestro clero de entonces fue el más beneficiado. Por eso, nos toca a nosotros ser también los más agradecidos por esta obra gigantesca de San Juan de Ávila. “El magisterio, el testimonio y la palabra de Juan de Ávila influyeron poderosamente en la formación de varias generaciones de clérigos giennenses, gracias al cauce educativo que ofrecía el estudio baezano. Se puede afirmar que Ávila, a través de la universidad de Baeza, creó una precisa tipología sacerdotal, la del clérigo reformado, austero en sus costumbres, predicador enardecido por el estudio de la Escritura, hombre de oración recia, reconocible a simple vista por su porte externo: un clérigo de Baeza se conoce en toda España en la modestia, la moderación del traje, compostura y gravedad de costumbres” (Francisco Juan Martínez Rojas, San Juan de Ávila y la reforma del clero).

Por todo eso, San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia, sigue siendo un referente para nosotros en este momento, en el que nuestra Iglesia diocesana está inmersa en una profunda renovación espiritual y pastoral: queremos ser una Iglesia en estado permanente de misión, una Iglesia “en camino hacia el sueño misionero de llegar a todos”.

“Estando con Jesús” hemos de reconocernos como sus discípulos. Y también, junto al corazón de Jesucristo, donde hemos de vernos como discípulos para ser pastores. Discípulos para ser pastores es la ruta que no hemos de perder nunca en nuestra vida sacerdotal: siempre discípulos, siempre pastores que buscan un continuo crecimiento integral. Sólo por ese camino nos iremos haciendo uno en Cristo, creceremos en él y lo mostraremos en nuestro ser y en nuestro actuar.  Lo humano, lo espiritual, lo intelectual y lo pastoral crecerán por esa ruta en total armonía.

Cuando no lo hacemos, nuestro sacerdocio hace “aguas”, y pone al descubierto carencias en algunas de sus dimensiones. A veces descuidamos aspectos de nuestra vida sacerdotal, que no nos parecen importantes, pero que desfiguran, al menos en parte, la imagen y representación que cada uno de nosotros somos de Cristo. Haríamos muy bien si tomáramos conciencia de que cuando recibimos la ordenación, o cuando pasan diez años o veinticinco o cuarenta de sacerdocio, estamos inacabados.

Siempre necesitamos estar abiertos a que Jesucristo, en su Iglesia, nos vaya haciendo; pues siempre somos aprendices del Maestro. En cada hora de la vida, siguen siendo necesarias la fraternidad sacerdotal, la oración, la dirección espiritual, los ejercicios espirituales, los reciclajes, la formación permanente… todo lo que mantenga viva la espiritualidad sacerdotal.

Para que esta línea recta se mantenga, es necesario situar siempre nuestro sacerdocio en su punto esencial de partida: la vida como vocación. Sólo así nuestro sacerdocio correrá por el cauce en el que ha situarse y enriquecerse: en el seguimiento del Maestro, Cristo Siervo, Pastor, Sacerdote y Cabeza.

A la luz de estos proyectos sacerdotales, el de San Juan de Ávila y el que nos propone la Iglesia para nuestro tiempo, le damos gracias al Señor por el testimonio de fidelidad de los hermanos que hoy celebran estos cumpleaños tan redondos de su sacerdocio. Cada uno de vosotros sois hechura de las manos de Dios, que con su gracia ha ido tejiendo vuestra vida al servicio de aquellos a los que habéis sido enviados. Cada uno en vuestra propia historia, en la que hoy sobresale la fidelidad, y por tanto la santidad, sois el reflejo de una creatividad eclesial extraordinaria. Si hiciéramos el ejercicio de aunar todo lo que habéis ido haciendo cada uno de vosotros, contaríamos maravillas y nos reconciliaríamos con una Iglesia siempre en vanguardia misionera y siempre en búsqueda de la santidad sacerdotal.

Queridos Mariano Cabeza, Antonio Pozo, Juan Jesús Cañete, Pedro Montesinos, Juan Manuel Perales, Andrés Segura y Ángel Sigüenza, que cumplís veinticinco años; Julio Pampliega, Eusebio Figueroa, Miguel Ruiz, Ángel Simón y Juan Viedma, que cumplís los cincuenta; y vosotros querido Bernardo Velasco, Tomás Colmenero, Antonio Higueras, Luis María Juárez, Manuel Peña, Miguel Vallejos y Juan Bautista Monzón, en vuestros sesenta años. Todos “pertenecéis a una época en la que somos sensibles a las voces de lo alto; y por tanto deseamos ser fieles y permanecer en la dirección que Cristo bendito nos ha dejado”(S. Juan XXIII). Sois los sacerdotes de esa Iglesia que surgió del Concilio, que se puso en la órbita de Cristo, Luz de las gentes, y se abrió a los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias del mundo.

Vuestro Obispo y vuestros hermanos en el presbiterio os decimos: muchas felicidades, y le pedimos al Señor que os bendiga con su amor entrañable por la fatiga fecunda de vuestra siembra diaria al servicio del Evangelio.

San Juan de Ávila comparaba la acción del sacerdote con la de la Santísima Virgen; decía él que también nosotros, como ella, damos al “Dios humanado”. Quizás sea por eso que la Virgen, según el Maestro Ávila, nos considera como parte de su mismo ser. Para ella somos “los racimos de mi corazón, los pedazos de mis entrañas”.

+ Amadeo Rodríguez Magro.

 SAN JUAN DE ÁVILA:

– Nace en Almodovar del Campo (C. Real) en el año 1500.

– Muere en Montilla en 1969.

– Maestro de santos (Santa Teresa, S. Ignacio de Loyola, S. Francisco Borja, S, Juan de Dios, etc.

– Impulsor de la Reforma y del Concilio.

– Creó la Universidad de Baeza para la formación de sacerdotes y religiosos en año 1542